Tengo un montón de títulos para este post y ninguna redacción inteligente, que dé sentido y forma al texto.
Del querer y otros dolores.

Todos hemos caído alguna vez, en ese triángulo de las Bermudas que nos impide dejar el pasado donde está, y nos arrastra con él hasta el presente.
Todos hemos dado vueltas y vueltas dentro de la pecera, sin encontrar la salida a un Amor tóxico, en el que estábamos pegados como gaviotas en un charco de petróleo. Queremos coger el vuelo, pero el peso de los sentimientos nos hace volver a caer, en los brazos de quien no se nos merece. Aquella persona que nos abandonó, nos olvidó, o nos hirió, y que por alguna extraña razón vuelve a querer entrar en nuestras vidas, reclamándonos, seduciéndonos.
Existen personas que basan su filosofía emocional en el “si no me quieres déjame” y otras por contra, atienden al precepto de “no te quiero pero no puedo olvidarte”.
Acaso hay pieles que causan adicción? O simplemente, es el renuncio a dejar de querer, lo que hace posible esa flagelación; Ese “querer” a pesar de no ser correspondido; Ese “no te quiero pero te deseo” hasta un punto que, por más que te aleje de mí, no puedo olvidarte.
Es una patología psíquica o solamente vicio? Es sed nostálgica lo que sentimos, o ahogo?
Podemos situarnos cada uno en un extremo del cable que nos conectó una vez y cortarlo, o siempre estamos conectados aunque reprimamos el deseo de volver.
Hay gente que nada entre dos aguas y otras preferimos estar ancladas en terreno seguro. O todos jugamos con fuego, intentando no quemarnos, y consiguiéndolo sólo a veces?
Sinceramente, me hago una idea, pero no lo sé.